Cadillacs en Lima
Concierto en el Estadio Nacional, Lima - Perú
Sábado 29 de noviembre de 2008
Satánico Pop Tour
Tema: Demasiada presión
Cuentos, ideas sueltas, pensamientos, vivencias y estupideces... sobre todo más de esto último que de las otras anteriores.

Llegas a casa y dejas de pensar. Sólo te dejas caer y callas. Con algo de suerte unos cuantos monosílabos pueden salirte de la boca. Entras en un estado soporífero inminente.
Video registrado en el preciso instante del terremoto del 15 de agosto. Lima. Miraflores. 6:41 pm. Departamento de mi hermana. 11º piso.
Mis chimpunes Adidas con toperoles, los inviernos calurosos y los veranos fríos, jugar fulbito los sábados por la tarde, la plaza Dorrego, las llamadas telefónicas del Dr. Tangalanga, al sapito Queijeiro y su patada descendente, los helados de la Vaca Jacinta, pasear en bicicleta por Colonia, bañarme en Colonia, sus pecas en el pecho, el risotto en todas sus variantes, Food Network, YouTube, a Bryce y sus innumerables plagios, que Beto me preste películas para así no tener que comprármelas, orinar dentro del mar, a Melcochita, a Gonzalo cuando pronuncia palabras con erre, el Mountain Dew, las hamburguesas y el chili del Wendy´s, Galerías Brasil, la prosa de Mario Bellatín, el look de los Hare Krishna, a Nancy Dupláa en Montaña Rusa, las All Star, la memorable frase "50 kilos de azúcar, 50 kilos de arroz, 50 kilos de camote y una refrigeradora Coldex" (maestro!), la generosidad de mi madre, y muchas cosas más...
A las Oh Diosas, los piercings en el ombligo, la triada café-cigarrillo-literatura, Lima y su cielo color panza de burro, el patriotismo en julio, el Play Station, cuando me mandan zumbidos por el messenger, el remedo de arroz chaufa que prepara mi mamá, los Guns n´Roses, la onda subte, a Genaro Delgado Parker, los perros chitzú, peinarme con cepillo, darme cuenta de que hace mucho dejé de ser un adolescente aunque siga comportándome como tal, la mayoría de nicks en el msn (salvo escasas excepciones), el colchón de mi cama, las locuciones de Rafo León en Tiempo de Viaje, el bigotito de Beingolea, el acento de los cordobeses, el "auge" de la gastronomía peruana, el papel higiénico de color, ir a la casa de mi abuela, mi cumpleaños, mi mail de Yahoo, que los libros sean tan caros en Lima, el reggaetón y la Teletón, mi televisor, a Winnie Pooh, que ya no exista La Vaca Jacinta, no estar con ella, los actuales circos de fiestas patrias, las fotos que se cuelgan en el hi5 y en myspace, no haberme comprado aún un iPod, este blog, y muchas cosas más...
Chequeen este video del último concierto de Yellowman en Lima que, valgan verdades, estuvo alucinante.
Hola:
se me acabó la tinta,

Concierto de Cultura Profética en Lima (jueves 1 de junio del 2006) en el María Angola. Después de muchos años de larga espera, por fin esta gran banda puertorriqueña pisó suelo peruano.
Buen concierto, lástima que por orden municipal tuvo que ser terminado tempranamente.
Yo estaba un poco más atrás del punto desde donde se hace la grabación.
Tema: Ideas Nuevas
Album: Ideas Nuevas
Encontré este video del concierto que ofrecieron Los Cafres en Lima (jueves 16 de febrero del 2006) en Gótica. Quería compartirlo con todos ustedes. Disfrútenlo!
Yo estaba al lado derecho del escenario, los veía casi de perfil, a unos 10 metros. Conciertazo.
Tema: Este Jardín
Album: Quién da más?
El leñador coge su hacha, las llaves de su camioneta y sale de la cabaña. Hace frío en el campo. Corre viento. El aire es punzante y hiere los ojos. El leñador lagrimea a causa del aire. El leñador se frota los ojos. Camina con dirección a la vieja Ford y abre la puerta. Acomoda el hacha en el asiento posterior e introduce la llave en el contacto. Arranca. La camioneta parece una cafetera vieja, piensa el leñador.
Sale a la carretera y va hacia el bosque. Debe manejar unos veinte kilómetros como de costumbre. Casi no toma atención a la ruta. Maneja despacio. Al cabo de veinte minutos llega a su destino. Apaga el motor de la Ford y baja de él. Coge el hacha y camina hacia donde se encuentra los árboles más viejos. Mira a su alrededor y decide por cuál va a comenzar. Ése, susurra. Empuña bien el mango del hacha y da un golpe seco. Trac. Otro golpe seco. Trac. Las astillas le caen en la cara surcada por las arrugas. Trac. Trac. Comienza a sentir calor. Se desprende de la casaca que lleva puesta y la deja caer al suelo. Divaga y se le viene a la mente su mujer. Hace mucho que no la toca, que no hacen el amor. Recuerda claramente aquella oportunidad, la última vez que lo hicieron. Eso le produce una feroz erección. El leñador deja el hacha y se sienta sobre su casaca. Apoya su espalda sobre el tronco de un árbol. Se desajusta sus jeans y se los baja hasta las rodillas. No lleva puesto ropa interior. Aprieta fuertemente su pene con la mano derecha y cierra los ojos. Comienza a frotar suavemente su miembro de arriba para abajo. Piensa en su mujer, en su concha húmeda y sus tetas prominentes. Sigue frotándose pero ahora con más fuerza. De arriba a abajo, de abajo hacia arriba.Va a terminar. Laura, Laura. Su pene dispara un semen espeso y muy blanco. El leñador se sube los jeans sin limpiarse la polla. El leñador coge su hacha y sigue dándole fuerte al árbol. Trac. Trac. Carga los pedazos de madera y los sube a la camioneta. El leñador se acomoda en su asiento y arranca. Maneja los veinte kilómetros que lo separan de su casa. Llega a la cabaña y ve a su mujer tiraba sobre la cama leyendo un libro. El leñador piensa por un momento que debería hacerle el amor pero se da cuenta que no es una buena idea. El leñador sale nuevamente de la cabaña y se va a jugar con el perro.


Me había advertido que aquel fin de semana iba a ser el mejor de toda mi vida. Por un instante decidí hacerle caso y dejarme llevar por su entusiasmo. Normalmente toda nueva experiencia me llena de incontrolable emoción pero aquella vez no sucedió lo mismo. Para llegar a Nueva Orleans nos esperaban cuatro horas de viaje por carretera y dos horas de vuelo en avión.

Él estaba nervioso, me lo confesó esa mañana. Deseaba que todo saliera como lo había planeado. Pero aquella situación, que la había estado maquinando desde hace tanto tiempo atrás, no dependía solo de él. Ya había realizado el primer paso. El más importante de todos. Ahora solo faltaba colocarle la cereza al pastel. Ojalá salga todo perfecto, me dijo antes de salir hacia el restaurante. Se encontraba muy nervioso, ya lo dije. Quedaron en encontrarse a las siete de la tarde en el restaurante que se encontraba en la esquina de la avenida De Mayo. Apenas colgó el teléfono subió a tomar una ducha tibia y a afeitarse. Dudó un instante en que ropa vestir para esa oportunidad. Al final decidió por un par de jeans, un polo celeste y unas sandalias. Deséame suerte, me dijo antes de dejar la pieza. No me acuerdo sinceramente si se la di porque la verdad me pareció patética su actitud. Yo en su lugar me hubiera comportado de otra manera. Era demasiado para una persona como él que había pasado por situación similares o aún peores a lo largo de su vida.


Estacionó su auto cerca a la plaza y caminó con dirección al jirón. Estaba vestido como de costumbre. Sandalias de tiras gruesa, un pedazo de tela color ocre que le cubría todo el cuerpo y una soga que usaba de cinturón. En la mano derecha llevaba un pedazo de roble que le servía como bastón. Era verano. La gente que caminaba a su alrededor transitaba presurosa. Los rayos del sol rebotaban sobre los rostros brillosos a causa del sudor. Los mendigos tirados sobre el piso mugriento le dificultaban el caminar. Uno que otro lo jalaba del traje para llamar su atención y robarle por lo menos un par de monedas. El, con el movimiento de su mano dibujaba en el aire una especie de figura. Luego, murmuraba algo entre dientes y seguía su marcha. Otras personas volteaban para confirmar lo que sus ojos acababan de observar. Un niño cogió la mano de su mamá y le dijo, "mami mira es Jesucito, el mismo que sale en la estampita que me regaló el padre Santiago". La madre
volteó a corroborar lo que su hijo le acababa de decir. Sí, efectivamente era Jesús, el hijo del hombre. El Mesías. Multitud de gente en las calles. Tiendas con inmensos letreros hechos con luces de neón. Personas que iban y venian.
lla escena. Después de terminar una breve melodía, Krishna continuó con su discurso. Hablaba algo con referencia a la fe y el amor. Jesús no supo qué hacer. Se encontraba consternado. Solo atinó a abrirse paso entre la gente y a lanzarse contra el joven orador. Sorprendido, el tal Krishna dejó su flauta en el suelo y se puso en posicion de pelea. "Tranquilo que no he venido a pelearme, lo único que quiero es que dejes de engañar a la gente", le dijo Jesús con voz firme.“Lléveme al hospital Central, por favor”, le dije al taxista. Apenas unas horas antes nos habían llamado para avisarnos que a mi hermano lo habían internado en el sanatorio por un paro respiratorio. Toda la familia se esperaba una situación parecida o aún peor en cualquier momento debido a la vida licenciosa que estaba llevando mi hermano. Sabíamos que jalaba cocaína y tomaba descontroladamente. Y sabe Dios qué otras sustancias más soportaba su deteriorado cuerpo. Él se fue de casa cuando yo apenas era un niño. Recuerdo que un día les dijo a mis padres que no aguantaba más vivir con ellos bajo el mismo techo. No quería más órdenes, ni reglas preestablecidas. Así que decidió alquilar un pequeño estudio en un barrio residencial a una hora de nuestra casa. Hace ya 7 años de eso. Desde entonces lo he visto en contadas ocasiones. En mi mente me resulta casi imposible visualizarlo sin la ayuda de alguna foto donde salga él. La única que conservo es la de un cumpleaños de mi madre de hace 4 años. Él sale rodeado por toda la familia, como si fuera el verdadero homenajeado en esa ocasión.
Ahora que ya ha pasado un tiempo prolongado y me encuentro más calmado, comienzo a comprender mejor las cosas. En su momento era casi imposible. Como el pedirle a un niño de 3 años que resuelva una ecuación matemática. Ahora, siendo un poco racional y dejando de lado mi orgullo masculino, hasta te doy la razón. Sí que la tienes. Yo en tu lugar hubiera hecho lo mismo. Hasta habría maquinado algo más descabellado y malicioso. Algo que significara marcarte para siempre, para que de cierta forma, no te olvidaras de mí. Algo que te hiciera sufrir. Pero eso, sin duda alguna, no podía esperarlo de ti.


